Es silencio, es palabra, no es más. Siempre que quiero escribir algo lo hago con un interés llamativo que pretende sobresalir sobre cualquier otro texto. Hoy, no sé si lo intente, solo sé que siento que debo decir esto. Sorpresa poca será para quienes por algún momento han pasado por aquí, y me temo que así será porque aunque quiero confesarme mis confesiones no son extravagantes, de hecho mi vida es todo menos eso. Si algún día nací, tal vez fue por un infortunio. Yo no esperaba que las cosas se dieran como se dieron, así mismo tampoco buscaba encontrarme con todo eso que me encontré, aunque no tengo pruebas de que no haya decidido empezar así, no puedo decir que me siento muy conforme.
Ese señor en rojo no se me olvidará jamás, ni esa persona terriblemente asustada que ahora yo, como el miserable desgraciado que soy, decido alejarla. No culpo a nadie, pero no quiere decir que me abstenga de dar mi voz de inconformismo, porque si bien es cierto nadie esperaba que esto fuera así, tampoco quiere decir que las cosas hayan sido justas para mi, pero qué va, si de todas formas pudo ser peor. Hoy no quiero decir nada, pero quiero decirlo todo, hoy quiero quitarme la máscara y mostrarle a la vida que yo soy quien soy, que ahora estoy aquí y que lo que se ve en mi no es nada más que natural, un ser humano que no entiende nada, que se ha abstenido de humanizarse pero que ahora comprende que no puede negar su propia naturaleza, así esto le provoque tristeza.
Y si, estoy llorando, porque no he sido justo, porque nadie me merece, porque no valgo la pena. Porque únicamente quien me ha permitido seguir adelante está a la espera de esas gracias que al parecer nunca le podré dar, y me duele, me conmueve y me perturba, no es justo con nadie, no lo soy. Recuerdo alguna vez que en un examen, cuando me preguntaban qué nota creía que me merecía, respondí con una de mis expresiones más comunes hasta ese momento: La más justa; y si, ridículo y todo pero me marcó el valor que él le dio. Hoy quisiera poder nombrarlos a todos ustedes que no merecieron nunca que yo los tratara así, con una actitud miserable y estúpida, si, a ustedes todos, tan queridos siempre, que hasta me halagaban y nunca dudaron en manifestarme lo valioso que era y que lo único que recuerdo haberles respondido fue que no se metieran conmigo.
Y si, hoy lloro porque alguna vez sentí que quise y me duele tanto haber sido tan estúpido, no me atrevo a justificar mi comportamiento con decir que era un niño. Son bobadas de un niño que por creerse más maduro que los demás nunca dejó de ser el mismo niño que era más maduro que los demás niños. El mundo al parecer no me quedó pequeño, más bien me está quedando grande y no lo puedo aceptar, mi ego no me lo permite. Hoy, que expío todos mis pecados y todas mis culpas -por lo cual ahora a tí te agradezco tanto- gracias a la reflexión y a la idea de pagar por nuestras culpas, me convierto en un cuerpo inmerso en un lago de lamentos ocultos que nunca pudo superar su ira por no poder escapar de su propio paradigma, ese que nunca me ha permitido ser quien soy.
Hoy, por eso mismo, decido quitarme la máscara, soy yo, un hombre; tengo sentidos, me siento bien y me siento mal, no soy una piedra, parezco pero no lo soy, siento tanto que me da miedo manifestarlo por temor a sufrir, porque cuando sufro me duele todo, me duele ser quien soy y me duele no ser quien soy. Y tu, tu tampoco puedes escapar de mis confesiones, sé lo que estás sintiendo y sé que estás siendo indiferente, pero por dentro entiendes tanto como yo que esas noches sin vernos pero sabiendo que estamos ahí ya no van a ser las mismas si no estamos ahí. Así nunca estemos siempre estamos. No, no me alegra todo esto.
Quisiera callarme y decirme "es su culpa" porque sí lo es, pero lo cierto era que en todo momento era mi culpa, la culpa siempre fue mía. Hoy no me queda otra cosa más que verme en un espejo y recordar por qué sentía el color rojo, por qué decidí serle indiferente y por qué me refugié en el verde, quizá porque ese día era lo único vivo, lo demás no. No quiero saber cuándo pasó todo esto, pero nunca se me va a olvidar; seguramente eso es lo que no entienden los señores que manejan el Estado y por eso siguen así de torpes haciendo lo que no deben de la manera que menos deben.

Ese señor en rojo no se me olvidará jamás, ni esa persona terriblemente asustada que ahora yo, como el miserable desgraciado que soy, decido alejarla. No culpo a nadie, pero no quiere decir que me abstenga de dar mi voz de inconformismo, porque si bien es cierto nadie esperaba que esto fuera así, tampoco quiere decir que las cosas hayan sido justas para mi, pero qué va, si de todas formas pudo ser peor. Hoy no quiero decir nada, pero quiero decirlo todo, hoy quiero quitarme la máscara y mostrarle a la vida que yo soy quien soy, que ahora estoy aquí y que lo que se ve en mi no es nada más que natural, un ser humano que no entiende nada, que se ha abstenido de humanizarse pero que ahora comprende que no puede negar su propia naturaleza, así esto le provoque tristeza.
Y si, estoy llorando, porque no he sido justo, porque nadie me merece, porque no valgo la pena. Porque únicamente quien me ha permitido seguir adelante está a la espera de esas gracias que al parecer nunca le podré dar, y me duele, me conmueve y me perturba, no es justo con nadie, no lo soy. Recuerdo alguna vez que en un examen, cuando me preguntaban qué nota creía que me merecía, respondí con una de mis expresiones más comunes hasta ese momento: La más justa; y si, ridículo y todo pero me marcó el valor que él le dio. Hoy quisiera poder nombrarlos a todos ustedes que no merecieron nunca que yo los tratara así, con una actitud miserable y estúpida, si, a ustedes todos, tan queridos siempre, que hasta me halagaban y nunca dudaron en manifestarme lo valioso que era y que lo único que recuerdo haberles respondido fue que no se metieran conmigo.
Y si, hoy lloro porque alguna vez sentí que quise y me duele tanto haber sido tan estúpido, no me atrevo a justificar mi comportamiento con decir que era un niño. Son bobadas de un niño que por creerse más maduro que los demás nunca dejó de ser el mismo niño que era más maduro que los demás niños. El mundo al parecer no me quedó pequeño, más bien me está quedando grande y no lo puedo aceptar, mi ego no me lo permite. Hoy, que expío todos mis pecados y todas mis culpas -por lo cual ahora a tí te agradezco tanto- gracias a la reflexión y a la idea de pagar por nuestras culpas, me convierto en un cuerpo inmerso en un lago de lamentos ocultos que nunca pudo superar su ira por no poder escapar de su propio paradigma, ese que nunca me ha permitido ser quien soy.
Hoy, por eso mismo, decido quitarme la máscara, soy yo, un hombre; tengo sentidos, me siento bien y me siento mal, no soy una piedra, parezco pero no lo soy, siento tanto que me da miedo manifestarlo por temor a sufrir, porque cuando sufro me duele todo, me duele ser quien soy y me duele no ser quien soy. Y tu, tu tampoco puedes escapar de mis confesiones, sé lo que estás sintiendo y sé que estás siendo indiferente, pero por dentro entiendes tanto como yo que esas noches sin vernos pero sabiendo que estamos ahí ya no van a ser las mismas si no estamos ahí. Así nunca estemos siempre estamos. No, no me alegra todo esto.
Quisiera callarme y decirme "es su culpa" porque sí lo es, pero lo cierto era que en todo momento era mi culpa, la culpa siempre fue mía. Hoy no me queda otra cosa más que verme en un espejo y recordar por qué sentía el color rojo, por qué decidí serle indiferente y por qué me refugié en el verde, quizá porque ese día era lo único vivo, lo demás no. No quiero saber cuándo pasó todo esto, pero nunca se me va a olvidar; seguramente eso es lo que no entienden los señores que manejan el Estado y por eso siguen así de torpes haciendo lo que no deben de la manera que menos deben.


2 comentarios:
Y hoy lloro.
Yo te dejo un abrazo, eso es todo.
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